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El futuro del dinero: ¿cómo cambiará la inteligencia artificial nuestra forma de producir y comprar?

La inteligencia artificial y la automatización pueden transformar nuestra manera de producir, comprar, trabajar y asignar valor.
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La inteligencia artificial también cambiará la economía

Cuando pienso en el futuro de la inteligencia artificial, no creo que su impacto vaya a limitarse al software, las empresas o la automatización industrial. También va a modificar la forma en que producimos, compramos, trabajamos y asignamos valor a las cosas. El dinero seguirá siendo una herramienta fundamental durante mucho tiempo, pero su función económica puede cambiar si empezamos a producir bienes y servicios con una eficiencia muy superior a la actual. Si una parte importante del coste de producir algo disminuye gracias a la automatización, también cambia la manera en que entendemos el precio, la productividad y la riqueza.

Producir más con menos recursos

Una de las capacidades más importantes de la automatización con inteligencia artificial es permitir que determinados procesos funcionen con menos intervención humana, menos errores y una utilización más precisa de los recursos. Una fábrica puede optimizar materiales, una explotación agrícola puede utilizar menos agua, una empresa puede automatizar tareas administrativas y un sistema logístico puede calcular rutas y necesidades prácticamente en tiempo real. Si conseguimos producir más utilizando menos energía, tiempo, materiales y trabajo operativo, el coste marginal de muchos productos y servicios podría disminuir considerablemente.

El precio de las cosas podría cambiar

El precio de un producto no depende solamente de los materiales con los que se fabrica. También incorpora trabajo, transporte, energía, almacenamiento, intermediación, administración y muchos otros costes. La inteligencia artificial aplicada a la producción y distribución puede intervenir en prácticamente todas esas etapas. Si una parte de esos costes disminuye, algunos bienes podrían hacerse mucho más accesibles. Esto no significa que todo vaya a convertirse en gratuito, porque seguirán existiendo recursos escasos, infraestructuras, energía, propiedad y costes físicos, pero sí podríamos entrar en una economía donde determinados servicios digitales y procesos productivos tengan un coste mucho menor.

El trabajo dejará de medirse únicamente por horas

También creo que tendremos que revisar nuestra relación entre trabajo, productividad y salario. Durante siglos hemos asociado el trabajo al tiempo que una persona dedica a realizar una tarea. La inteligencia artificial rompe parcialmente esa relación porque una persona puede diseñar un sistema que posteriormente ejecute miles de operaciones de forma automática. El valor comienza entonces a desplazarse desde la ejecución hacia la capacidad de diseñar, supervisar, decidir, crear y resolver problemas. Esto puede aumentar enormemente la productividad, aunque también obligará a gobiernos, empresas y trabajadores a adaptarse a nuevas estructuras laborales.

Comprar podría convertirse en un proceso mucho más inteligente

La IA también cambiará nuestra forma de consumir. En lugar de buscar manualmente entre cientos de productos, podremos utilizar sistemas inteligentes de compra capaces de comparar precio, calidad, duración, costes futuros, disponibilidad y necesidades reales del usuario. Un sistema podría incluso anticipar cuándo necesitamos determinados productos y organizarlos dentro de un presupuesto. Esto puede reducir compras innecesarias, mejorar la competencia entre proveedores y convertir el consumo en un proceso mucho más basado en información que en publicidad o impulsos.

El valor podría desplazarse hacia las soluciones

Para mí, uno de los cambios más interesantes está en cómo definiremos el valor económico. Si crear determinados servicios se vuelve progresivamente más barato, el valor quizá no estará únicamente en producirlos, sino en identificar correctamente qué problema hay que resolver. La capacidad de diseñar soluciones para energía, salud, transporte, vivienda, agricultura o educación puede adquirir más importancia que la simple fabricación de un producto. En una economía altamente automatizada, tener acceso a tecnología será importante, pero saber qué hacer con ella puede ser todavía más valioso.

Una economía más eficiente no garantiza una sociedad mejor

La tecnología por sí sola no garantiza que los beneficios de la automatización se distribuyan correctamente. Una economía puede producir muchísimo y seguir teniendo problemas de desigualdad, acceso o concentración de recursos. Por eso considero importante que la transformación económica provocada por la IA esté acompañada de educación, competencia, regulación adecuada e infraestructuras accesibles. El objetivo debería ser conseguir que el aumento de productividad permita mejorar servicios, reducir determinados costes y ampliar oportunidades, no simplemente concentrar la capacidad tecnológica en un número reducido de organizaciones.

El dinero podría importar de una manera diferente

No creo que podamos afirmar que la inteligencia artificial hará desaparecer el dinero, pero sí considero posible que cambie profundamente su importancia relativa. Si conseguimos automatizar una parte considerable de la producción y reducir el coste de bienes esenciales, determinadas necesidades podrían resultar mucho más fáciles de cubrir. En ese escenario, nuestra atención podría desplazarse gradualmente desde la simple generación de dinero hacia la capacidad de producir soluciones, conocimiento y bienestar. Para mí, esa es una de las preguntas más importantes de esta revolución tecnológica: no solamente cuánto dinero podremos generar con inteligencia artificial, sino cuánto podremos reducir el coste de resolver los problemas que todavía limitan el desarrollo de millones de personas.